La literatura, eros y tánatos; un acercamiento a Gonzalo Arango

“Nos echan a este mundo, y nadie nos ha preguntado si queríamos nacer, nadie nos previene de lo que nos espera, ingenuo pensamiento el que dice que la vida es un don, algo que deberíamos agradecer cada día que nos despertamos y cada día que pasamos y seguimos aquí…”

Emil Cioran, En plena tempestad.

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Se puede decir que toda literatura trata sobre el amor y la muerte en tanto que el tema de la literatura es la existencia humana, pero lo que caracteriza a cada artista es su manera de percibir y acercarse a éstos. Así pues, nos acercamos a Gonzalo Arango, el escritor, poeta y periodista colombiano.

Nacido el 18 de enero de 1931 en Andes, Antioquia y fallecido en 1976; Gonzalo Arango es reconocido por haber creado el nadaísmo en 1958, movimiento vanguardista caracterizado por su irreverencia hacía lo establecido en literatura y moral tradicional. Su pensamiento es un constante vaivén entre la falta de fe y la búsqueda de una espiritualidad, es la sensación de estar sin rumbo, no tener algo en que recostarse. Entre el surrealismo y el existencialismo, en sus obras sentimos el vacío y la duda junto a una perspectiva distinta de la realidad.  Con muchos escándalos en relación a su salida del movimiento y sus acciones, Arango también fue diverso en sus obras literarias que van desde libros de ensayos, cuentos, teatro y poesía[1].

Su desazón no sólo nace de una edad sino de un momento histórico, un país que necesitaba cambiar y renovarse, como nos explica Nicolás Brando en Colombia: de la nada al nadaísmo (2007).

« (Sobre Gaitán) La muerte de este candidato presidencial se llevó todas las posibilidades de renovación en el país. Él era el único que hubiese podido cambiar el rumbo desastroso que estaba llevando a la sociedad colombiana al hueco de la corrupción, de la guerra y la pobreza. Sin él no había nada por hacer: “Por eso erramos sin destino por el desierto de Colombia, oscilando entre la indiferencia y la nada: porque no hay ninguna fuerza viva que nos apasione, que seduzca nuestro espíritu a la acción militante, y nos libre de esta inercia oprimente que se parece a la muerte del alma”. No había nada por hacer; la destrucción dejada por las dos guerras mundiales y la muerte de éste héroe nacional llevaban a los amantes de la vida a no creer en nada».

Ahora bien, para hablar un poco de la cuentística de Arango decidí enfocarme en Yo recojo mi cadáver y Estoy sin cigarrillos y sin ti[2], cuentos que hacen parte del libro de cuentos Sexo y Saxofón (1963), puesto que recogen aspectos de su visión de mundo y filosofía además de una propuesta estética y literaria.

Yo recojo mi cadáver es la historia de Gonzalo[3], un suicida que se tira frente a un camión y en un inesperado giro de eventos, se levanta en un cuerpo “abstracto”, sin camino y sin saber qué hacer frente a la mirada atónita de los transeúntes. Sabe que para huir necesita una mujer, una mujer que lo acompañe en su diferencia y aparece Silvia pero ella no lo escucha, y sin fuerza cae al suelo y muere por segunda vez, ésta vez de manera definitiva. Ahí aparece el narrador Gonzalo que al mirar el cadáver se descubre a sí mismo, recoge su cadáver y se va con él.

En éste cuento encontramos un narrador personaje que se devela como tal casi a la mitad pues dice: “Cuando todos se habían aglomerado en torno del cadáver, yo aparecí por una de las esquinas adyacentes, y sentí curiosidad de lo que supuse era una desgracia”. A continuación cambia el tiempo verbal del pasado al presente: “Pregunto lo que ha pasado, pero nadie contesta”. Antes de esto es un narrador testigo, que en primera persona nos cuenta de ese Gonzalo que se tira frente a un camión y luego descubrimos que es él, ya que desde el inicio nos da indicios de ello “Se llamaba Gonzalo como yo”. Así pues, encontramos que desde el principio del cuento nuestro personaje nos cuenta su historia como una disociación del hecho, pues se ve a sí mismo desde sí, el suicidio y la momentánea resurrección, y al encontrarse con su cadáver vuelve a la frase que hace de éste cuento un cuento circular, la frase “Con esa cara de loco no podía sino matarse”.

Gonzalo comienza hablándonos del suicida, es un “tipo” que no “meditaba en nada, simplemente estaba de pie hacía dos horas, sin esperar nada” y después sigue con algunos comentarios aislados “Las mujeres decían que era una mirada bella y desolada.” Y “En este momento de angustia pensó que sólo una mujer podía salvarlo y prestarle su maravillosa consistencia corpórea, lo cual haría menos llamativa su inconsistencia lineal”. Ahora bien, hasta que vuelve a morir, ese es “un tipo” o “el tipo” luego Gonzalo, el narrador, descubre que es su cadáver y deja de ser ese tipo. Podemos decir, por lo tanto, que esa caracterización que el narrador hace de Gonzalo es la visión que tiene de sí mismo puesto que son la misma persona o al menos dos parte del mismo ser, esto lo vemos no sólo en que es su cadáver sino también en que asume esa muerte como solo de su incumbencia y reconoce que solo él podía hacer algo para sí mismo.

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Genial dibujo del profeta realizado por Mateo Camargo

Así pues, nos encontramos con un personaje dual, el suicida y el narrador que son dos partes de uno solo. Pero despierta algunas dudas puesto que el narrador no reconoce a la mujer que le dio la última estocada al suicida con su indiferencia, “Sin más fuerzas para sostenerse, sin fuerzas para retroceder en busca de la mujer, sin fuerzas para continuar, desesperado de ella y de sí mismo, el tipo se desplomó sobre el pavimento en un ruido sordo y lastimoso.” El narrador nos dice que “Aunque no la conozco ni la había visto nunca en mi vida, pienso que estará turbada por otras razones ajenas a la muerte del tipo, muerte que sólo a mí me concierne” y deja el lugar para creer que el suicida confundió a ésta mujer con Silvia o al menos que fue su último grito de auxilio.

Antes de hablar del tema, hay que pensar un poco en el policía puesto que nos simboliza el sistema que para el narrador es “Lo injusto era ese trámite legalista entre el policía, el hipotético ajusticiado y los testigos, y el completo olvido del muerto con moscas zumbando sobre sus ojos aterradoramente abiertos, con su pobre existencia arrollada, cuya vida parecía no haber tenido más sentido a la de justificar momentáneamente la inocencia del conductor.” Así pues el suicidio pasa a ser un mero trámite para hablar de la inocencia del conductor y su excelente manejo, es casi un policía kafkiano en tanto ya no sabe qué hace, quién gana o pierde. Después, cuando el suicida se levanta, el conductor se va y el policía lo sigue para multarlo por velocidad.

Con todo lo anterior, se podría pensar que el tema es el suicidio pero a la mitad del cuento el suicidio se revierte; también podemos pensar que es la muerte puesto que el suicida finalmente no logra escapar; por último, podríamos decir que el tema es la salvación y la dualidad puesto que hay dos Gonzalo y hay una petición de ayuda que nunca se completa.  La verdad, me siento más inclinada a la muerte y la salvación puesto que se pasa del deseo de morir al deseo de ser notado y salvado por una mujer, hasta llegar a la realización que sólo él se puede ayudar. Es el eros, tanto en la mujer como el propio, el que puede salvarlo de la muchedumbre y de ser diferente pero al mismo tiempo es el tánatos el que le pide que muera y que, cuando eros no puede salvarlo, lo fulmina.

En éste cuento podemos reconocer además la crueldad del mundo, puesto que desde el inicio dejan claro que el suicidio es para los locos y la muerte de alguien se vuelve un mero trámite sobre inocencia. ¿Quién se interesó por él? Nadie. “parecía estar satisfecho de la muerte del tipo, muerte que no le interesaba en absoluto, y cuyo carácter irremediable dejaba su conciencia inmaculada de culpa.” Y al levantarse se vuelve un animal de circo, que lo hace pensar en huir, en ir al bar o encontrar una hermosa mujer que haga que dejen de enfocarse en él y finalmente, “El eco del nombre de la mujer fue seguido por las alegres risotadas de los transeúntes que se burlaban de la paradoja cómica de gritar careciendo físicamente de boca”. La única misericordia que le da al suicida es por parte de Silvia frente al cadáver y de Gonzalo por ser su propio cadáver.

Aun con éste proceso de análisis, no puedo dejar de pensar que todo el cuento parece una gran alegoría al vivir y amar puesto que el suicida se tira al mundo y es ignorado, está solo. Sigue ahí y cuando lo notan, no es por algo bueno; ve la solución en el amor, en las mujeres pero ésta da el golpe fatal puesto que no repara en su presencia y así acaba su vida. Pero no para siempre, puesto que luego llega su otra parte, la parte que recoge el cadáver y se ocupa de sí mismo, es la parte que se encarga de recomponer los pedazos rotos de vivir. ¿Y qué queda? El hombre solo, sólo en compañía de sí mismo.

Finalmente, nos acercamos a Estoy sin cigarrillos y sin ti, un cuento que nos ilumina la visión del amor y la soledad en Arango. Para empezar, el personaje principal también se llama Gonzalo y Sandra, su novia, se ha ido. ¿Qué hacer ahora? Nada, todo le recuerda a ella y solo puede pensar en qué estará mirando y si será feliz. Después de recordarla, consigue una imagen parecida a ella para mirarla al dormir, justo antes de preguntarse si “Entonces, ¿Qué hacer para seguir viviendo?”.

Éste cuento podría ser entendido como una hojeada al primer Gonzalo, el suicida, ya que vemos que al igual que él, éste Gonzalo ve en las mujeres una razón para vivir y ser feliz. Ve en ella el todo, lo opuesto a la insoportable nada, el horrible vacío que consume y llena todo a su paso. Sabe que quiere solo un momento con ella, pues la felicidad es eso, un pequeño momento, un instante que se resbala entre los dedos. “Todo lo que quería en la vida era que Sandra estuviera allí callada y adorable, mía y muda para siempre.”

Así pues, en éste caso tenemos un narrador en primera persona que piensa sobre la ausencia de la amada y sobre la inminente vacuidad de su vida.  El amor es importante, ella es importante, así vemos que el amor es la manera de salvarse, como con Silvia. La muerte es la salvación frente a la ausencia del amor y éste es la salvación a la muerte, Gonzalo piensa “En lugar del revólver voy a la tienda de la esquina y me compro un almanaque Bristol con una copia de Modigliani que se te parece”, porque hasta la mera copia sirve de ayuda para la “soledad (que está) en todas partes, y en el alma.”

En conclusión, estamos ante dos cuentos que nos hablan de la muerte, la salvación y el amor, todos unidos en un baile circular sin fin que son la pulsión de la vida misma. Podríamos decir también que nos habla del pesimismo, existencialismo y nihilismo pero en ésta época ¿Quién no piensa un poco en la muerte y en el amor? A veces parece que hablamos de la muerte para vivir.

“El nadaísta fue un hombre que amaba la vida sobre todas las cosas, y por amarla tanto, y al verla convertida en un antropófago sin rumbo y sin consciencia, decidió tomar su camino hacia la nada. El nihilismo era la única salida a ese sufrimiento. El problema era muy grande y la solución utópica. Sólo quedaba vivir. Sólo vivir. Sin preocuparse por el mañana ni por el ayer. Sin preocuparse por el dinero ni por la comida. Sin preocuparse por pensar en los problemas ya que no tenían respuesta. Sin preocuparse por pensar. Sólo existir”. (Brando, 2007)

Y aun así, la mera existencia es un cúmulo de pasión y aflicción, Gonzalo lo sabe.

[1] Primer manifiesto Nadaísta (1958) Obra negra (1974) Sexo y saxofón (1963) y otros.

[2] Se pueden leer en http://www.gonzaloarango.com/ideas/recojo.html y en http://www.gonzaloarango.com/ideas/sin-cigarrillos.html

[3] Nombre del personaje, que coincide con el autor pero no por ello debe entenderse como autobiográfico.

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